Pedro Torrijos
Pedro Torrijos

@Pedro_Torrijos

28 Tweets 5 reads Jul 29, 2023
Todo lo que vais a leer en este hilo es cierto, y es la primera vez que lo cuento en público: hace trece años algo se
rompió en mi cerebro.
Aún no sé si se puede arreglar.
⤵️
Pero no creáis que esta es la historia lacrimógena de un pobre hombre que se volvió loco por culpa de la sociedad o algo así, no; hace trece años yo era un tipo bastante gilipollas.
Era engreído, vanidoso y estaba lleno de delirios de grandeza.
Me creía una suerte de héroe. Me creía especial. Me creía invulnerable.
Hasta que me equivoqué.
Una noche de hace trece años, descubrí que había cometido un error. No era un error trivial, era un error muy grave, potencialmente catastrófico.
Repasé y repasé y repasé mis cálculos durante días y noches enteras y no encontré solución.
Consulté con decenas de expertos, y todos me dijeron que no había tal error, que no me preocupase, que solo estaba en mi cerebro.
Pero no les creí porque, efectivamente, estaba en mi cerebro.
Algo se había roto en mi cerebro.
“Antes o después vas a tener que contar tu historia” me dijo el psicólogo cuando le conté todo.
“No sé cuándo. No sé si estaré preparado alguna vez”.
Tarde años. Cinco años en los que cada segundo de cada minuto pensaba únicamente en el error. En ese error.
Cien millones de segundos en los que mi cerebro vivía en una prisión.
Tras esos cinco años, y con ayuda de terapia y farmacología, la herida comenzó a cerrarse.
Creo que fue entonces cuando empecé a ser un poco menos gilipollas.
Quiero creer que sí.
Entonces apareció una historia. Era la historia de un rascacielos en Manhattan; era la historia de un ingeniero que cometió un error grave. Potencialmente catastrófico.
Era una historia tan buena, tan intrincada y tan heroica que no parecía real, pero lo era.
Sin embargo, todo eso apenas significaba nada porque lo más escalofriante es que esa historia real resonaba dentro de mí como una campana en medio del desierto.
Era demasiado parecida.
Esa historia era *mi* historia.
(“Antes o después vas a tener que contar tu historia”).
En esa época mi trabajo había cambiado y yo ya me dedicaba a contar historias, que es lo que siempre he querido hacer, así que conté la historia del rascacielos.
La conté una vez...
elpais.com
...y la conté una segunda vez...
...y una tercera vez.
Pero eran versiones superficiales. Apenas mil palabras. Divulgación, datos. Supongo que en ese momento a mí ya me parecía suficiente. Creo que aún no estaba preparado.
(“No sé si estaré preparado alguna vez”).
Con la pandemia, la herida de mi cerebro, que creía cerrada, volvió a abrirse. Era otra herida pero, a la vez, era la misma.
Y volvió a abrirse unos meses después, otra herida distinta pero la misma.
Hace año y medio yo no era la misma persona que hace trece años. Ya había publicado un libro y las editoriales querían que publicase más. Me pidieron que escribiese otro, otro libro de divulgación, de datos.
Pero yo quería contar todo lo que había en la historia del rascacielos.
Quería colocar todo lo que había en mi historia en los huecos que la realidad había dejado sin rellenar, así que le pedí a otra editorial que me dejasen contar esa historia.
Esa historia que son todas las historias, reales e imaginadas, que se produjeron en Nueva York en 1977 y en mi casa de Villaverde en 2010.
La historia de alguien bastante gilipollas, engreído, vanidoso y con delirios de grandeza, que se cree invulnerable. Hasta que se equivoca.
Y la conté.
"La Tormenta de Cristal" es la historia real de la crisis del Citicorp Center, uno de los rascacielos más altos de Manhattan, que se construyó cometiendo un grave error de cálculo.
Sí, es eso.
Pero en los huecos que deja lo que de verdad sucedió allí, también es una historia sobre cuál es nuestro lugar en los engranajes que mueven el mundo.
Sobre atreverse a hacer lo que creemos que nunca nos atreveríamos a hacer.
Sobre amar (y odiar) lo que somos.
Pero, especialmente, es una historia sobre cómo, a veces, reconocer nuestros peores errores es la única manera de salvar el mundo.
No sé si esta novela arreglará la herida que se abrió en mi cerebro hace trece años, no sé si esta historia servirá para expiar el monstruo terrible y feroz con el que he combatido durante tanto tiempo.
Pero sé que ya estoy preparado para contarla.
Hace nada, un lector decía que "Es bonito leer las historias de quien disfruta contándolas". El cumplido es precioso pero me coloca en una posición muy cuidadosa para el futuro, porque seguro que voy a seguir escribiendo y, con suerte, mis siguientes novelas serán mejores que "La…
Y una última cosa: tener trastornos mentales no mola. No mola nada. No te convierte en alguien especial ni eres un genio ni un creador ni nada de eso.
Tener un trastorno mental es una mierda. Solo es una mierda.
Esto es MUY importante. Hay que pedir ayuda, SIEMPRE hay que pedir ayuda.
Para quienes han preguntado, mi trastorno era (y es) TOC. Es muy jodido, pero cuando te pilla una crisis es terrorífico. Te paraliza durante días y durante semanas enteras.

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