La crisis del sistema capitalista y la disputa inter-imperialista son el caldo de cultivo de discursos ultra-nacionalistas que pretenden criminalizar a los migrantes y convertirlos en chivos expiatorios para
intensificar la militarización y el proceso de fascitización. La izquierda bastarda del capital, conformada por una serie de revisionistas y reformistas, adhiere a estos discursos y prácticas, encontrando en ellos incluso una ruin catapulta electorera.
Está ocurriendo ahora, como ya pasó en la Primera Guerra Mundial con muchos de los partidos oportunistas de la II Internacional. En Latinoamérica podemos ver, por ejemplo, cómo se pretende culpar a los migrantes venezolanos o haitianos del repunte de la delincuencia,
de la inseguridad, del aumento del desempleo. Ello es utilizado por la clase dominante para desentenderse de su responsabilidad directa sobre la crisis y los problemas económicos que sufren las masas populares, y que éstas responsabilicen a los migrantes de su situación
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